LOS LÍDERES NO NACEN SIENDO LÍDERES, LOS LÍDERES SE HACEN
En los entornos académicos y en todos los ámbitos de la vida cotidiana, escuchamos con bastante frecuencia numerosas conceptualizaciones y extensas teorizaciones acerca de las características de los líderes más influyentes que existieron a lo largo de la historia.
Todos ellos son y serán recordados a través del tiempo por la contribución que hicieron al bienestar de un pueblo, por los logros alcanzados en una causa en particular o por el aporte realizado a la humanidad en su conjunto.
Podemos mencionar algunos de los líderes más influyentes y reconocidos de diferentes épocas: Jesús de Nazaret, Mahoma, Napoleón Bonaparte, Mahatma Gandhi, Abraham Lincoln, Simón Bolívar, Madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, Papa Francisco, Donald Trump, Vladimir Putin y Judith Butler, entre otros.
Cada uno de ellos representa, desde su narrativa particular, un paradigma o modelo de pensamiento específico, y cumple además una función determinada dentro del contexto histórico en el que emerge.
No puede hablarse de liderazgo sin tener en cuenta el contexto cultural, social, político y económico de la época en la que dichos liderazgos surgieron. Es decir, el líder es el emergente visible —el “portavoz”— de un modelo de pensamiento o paradigma específico, que trae una respuesta a un problema o necesidad del contexto.
Más allá de las opiniones o singularidades positivas y negativas de los liderazgos antes mencionados, podemos observar que todos ellos comparten ciertas características diferenciales.
Si nos enfocamos en las características de las personas que ejercen roles de liderazgo, encontraremos algunas particularidades en común: similitudes y diferencias muy puntuales respecto de las demás personas. Los líderes se distinguen de quienes no desarrollan cualidades de liderazgo.
LO QUE SÍ TIENE UN LÍDER
Visión
Tiene una meta a lograr a corto, mediano y largo plazo, y puede transmitirla a otros. Sabe hacia dónde quiere ir y qué quiere lograr. Posee una representación mental clara del horizonte y del futuro que desea construir.
Carisma
Tiene capacidad para influir en otros en pos del logro de las metas que se propone.
Autoconfianza
Cree en sí mismo y en la causa que lo motiva e inspira.
Determinación
Posee la decisión de actuar. Puede tomar decisiones con convicción y transmitir con claridad la dirección de esas decisiones.
Pensamiento estratégico
Puede adquirir una perspectiva ampliada e impersonal del contexto. Entiende que el todo es más que la suma de las partes. Tiene la capacidad de diseñar acciones por etapas, definir objetivos y establecer estrategias convenientes para alcanzar las metas propuestas. Además, puede definir cómo lograr dichas metas y con quiénes hacerlo.
Responsabilidad
Debe comprometerse con el deseo genuino de hacer que las cosas sucedan y aprender a lidiar con el desafío de “responder con habilidad”. Esto implica hacerse cargo de las contingencias que surjan de su propio liderazgo.
Autoliderazgo
La base fundacional de todo liderazgo es la capacidad del líder de conocerse y liderarse a sí mismo. Esto implica aprender a regular sus propias emociones, pensamientos y comportamientos.
El AUTOLIDERAZGO es estratégico para gestionar de manera eficiente las relaciones intra e interpersonales, redefinir objetivos y administrar recursos de acuerdo con el contexto situacional.
El liderazgo es un proceso de construcción y aprendizaje permanente que requiere desarrollar habilidades y competencias.
Tampoco existen líderes perfectos. Existen personas que ejercen roles de liderazgo y que asumen el desafío de influenciar a otros para alcanzar objetivos comunes.
Los líderes representan, a través de sus acciones, los valores, ideales y propósitos de un conjunto de personas o de una sociedad.
El AUTOLIDERAZGO ESTRATÉGICO es el camino de aprendizaje y desarrollo de quienes transforman los desafíos en oportunidades de crecimiento.
Sandra Latorre
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