La  ORIENTACIÓN  VOCACIONAL  es fundamentalmente,  un proceso de auto-conocimiento que te ayuda a tomar decisiones.

Elegir qué estudiar, a qué dedicarse o hacia dónde orientar la vida profesional suele presentarse como una decisión que debemos tomar en un momento determinado. La secuencia habitual es: terminar la secundaria, elegir una carrera y comenzar a zambullirse en la vida adulta.

Parece simple, pero la realidad es bastante más compleja.

Cuando se trata de los primeros pasos hacia la adultez,  sentimos  que  la vida nos pide tomar decisiones  sobre temas desafiantes con  una claridad y una  seguridad personal que a los 18 años … obviamente NO tenemos.

La mayoría de las veces no  sabemos con  certeza qué queremos  en casi ningún sentido. De hecho,  en general tenemos más certezas de lo que NO queresmos para nuestra vida.

Sabemos lo que No nos gusta. La vida que NO quisiéramos.

Los  intereses contrapuestos nos  generan confusión.

Otras veces, nos encontramos  condicionados por las expectativas familiares, las oportunidades económicas, aquello para lo que creemos ser buenos o, simplemente, nos limita el  miedo a equivocarnos.

También debemos tener en cuenta, que cada vez es más frecuente que los adultos  por diferentes motivos  decidan afrontar un proceso de  orientación vocacional

y/ocupacional  para revisar sus  elecciones .

Por eso, la orientación vocacional no debería entenderse solamente como una herramienta para decidir “qué carrera estudiar”.

¿Qué es realmente la orientación vocacional?

Una buena orientación vocacional busca construir un puente entre dos mundos.

Por un lado está la persona:

¿Quién soy?
¿Qué me interesa?
¿Qué capacidades tengo?
¿Qué actividades disfruto?
¿Qué me motiva?
¿Qué valores son importantes para mí?
¿Qué estilo de vida imagino? ¿Cuál es mi proyecto de vida?

¿En qué contextos puedo desplegar mejor los recursos que tengo?

Y por otro lado está el mundo real:

¿Qué posibilidades reales y recursos tengo? ¿Qué profesiones están cambiando?
¿Qué nuevas ocupaciones están apareciendo?
¿Qué posibilidades laborales ofrece cada camino?
¿Qué formación requiere?
¿Qué oportunidades concretas existen para mi?

La decisión vocacional aparece justamente en la intersección entre ambos.

No alcanza con preguntarnos “qué me gusta”.

También necesitamos comprender quiénes somos, qué podemos desarrollar y qué posibilidades existen para transformar esos intereses en un proyecto posible.

La orientación vocacional no debería decirte qué hacer ni qué estudiar.

Este es uno de los principales malentendidos.

Un proceso de orientación vocacional serio no debería entregar una sentencia:

«Tu carrera es Medicina.»

«Tenés que estudiar Derecho.»

«Tu perfil indica que deberías dedicarte a Ingeniería.»

Las personas somos demasiado complejas para reducir nuestro futuro a un resultado.

Los instrumentos de evaluación pueden aportar información muy valiosa sobre intereses, aptitudes, motivaciones, características personales, preferencias y potencialidades, pero esos resultados necesitan ser interpretados dentro de una historia personal y de un contexto.

La función de la orientación no es rotular ni  elegir por la persona.

Es ayudarla a comprenderse mejor para ampliar su capacidad de elegir.

¿Para quién está recomendada?

Aunque solemos asociarla con adolescentes que están terminando la escuela secundaria, la orientación vocacional puede ser útil en diferentes momentos de la vida.

Está especialmente recomendada para:

  • Jóvenes que están finalizando sus estudios secundarios y necesitan elegir una carrera u orientación.
  • Personas que tienen muchos intereses y encuentran difícil priorizar uno.
  • Jóvenes y no tan jóvenes  que sienten que “nada les interesa” o que todavía no logran identificar una vocación definida.
  • Estudiantes que comenzaron una carrera y dudan acerca de continuarla.
  • Personas que abandonaron una formación y quieren redefinir su proyecto.
  • Adultos que desean realizar una segunda carrera o incorporar una nueva área de especialización.
  • Profesionales que sienten que su trabajo actual ya no representa sus intereses o valores.
  • Personas atravesando procesos de reconversión laboral o profesional.
  • Quienes necesitan identificar capacidades transferibles hacia nuevas ocupaciones.

En este sentido, la orientación vocacional puede acompañarnos más de una vez.

Porque nuestra identidad profesional también evoluciona.

¿Cuáles son sus principales beneficios?

Uno de los mayores aportes de un proceso de orientación es que permite ordenar información que muchas veces aparece dispersa.

Una persona puede saber que le gusta crear, que disfruta trabajando con otros, que tiene facilidad para comunicar y que necesita autonomía. Pero quizá nunca haya relacionado esas características entre sí ni explorado qué campos profesionales podrían reunirlas.

La orientación ayuda a transformar esas piezas aisladas en un mapa.

Puede permitir:

Mayor autoconocimiento.
Reconocer intereses, habilidades, motivaciones, valores y preferencias.

Ampliación de alternativas.
Muchas personas conocen solamente una pequeña parte de las carreras y ocupaciones disponibles. Explorar abre posibilidades que quizá nunca habían considerado.

Decisiones más fundamentadas.
Elegir deja de depender exclusivamente de intuiciones, presiones externas o información fragmentaria.

Identificación de fortalezas.
Comprender cuáles son nuestros recursos permite imaginar contextos donde podrían desarrollarse mejor.

Prevención de elecciones poco reflexionadas.
No garantiza que nunca cambiemos de carrera, pero puede disminuir decisiones tomadas únicamente por presión, desconocimiento o idealización.

Construcción de un proyecto.
La pregunta deja de ser solamente “¿qué voy a estudiar?” y comienza a convertirse en otra mucho más interesante:

“¿Qué quiero construir y qué necesito desarrollar para acercarme a eso?”

¿Y cuáles son sus límites?

La orientación vocacional también puede utilizarse mal.

El primer riesgo aparece cuando se «vende» la ORIENTACIÓN VOCACIONAL como una  solución y la garantía «para no equivocarnos en  el rumbo» o «para  no fracasar en la decisión».

Se espera  que un test resuelva la decisión.

Ningún cuestionario puede conocer por completo a una persona ni predecir exactamente qué profesión la hará sentirse plena y feliz.

Otro riesgo es considerar los resultados como etiquetas permanentes.

Que hoy una persona tenga determinadas habilidades o intereses no significa que permanecerán exactamente iguales durante toda su vida. Las capacidades pueden desarrollarse, los intereses pueden ampliarse y las circunstancias personales pueden cambiar.

También puede ser limitada una orientación que analiza solamente a la persona y se olvida del contexto.

Una elección profesional necesita considerar cuestiones concretas: características de personalidad, entorno familiar, posibilidades educativas, duración de las carreras, realidad económica, nuevas tecnologías, transformaciones del mercado laboral y características del estilo de vida asociado a determinadas profesiones.

Por eso, los tests son herramientas dentro del proceso; no son el proceso.

¿Existe una  única vocación?

Probablemente esta sea una de las ideas que más necesitamos actualizar.

Durante mucho tiempo se transmitió la idea de que cada persona debía descubrir “su verdadera vocación”, como si existiera una profesión predestinada esperando ser encontrada.

Hoy sabemos que la trayectoria profesional puede ser mucho más dinámica.

Una persona puede desarrollar diferentes intereses a lo largo de su vida, combinar disciplinas, cambiar de actividad, especializarse, emprender o construir una identidad profesional híbrida.

En lugar de buscar desesperadamente “la carrera correcta”, puede resultar más saludable preguntarnos:

¿Qué caminos son coherentes conmigo hoy y cuáles me ofrecen posibilidades reales de crecimiento?

La vocación no siempre aparece como una revelación.

Muchas veces se construye mientras avanzamos.

¿Cuándo conviene realizar una orientación vocacional?

No es necesario esperar hasta el último mes de la escuela secundaria.

Cuanto más espacio exista para explorar, investigar, conversar y contrastar alternativas, mejor.

También puede ser especialmente valiosa cuando aparece una sensación persistente de:

“No sé qué elegir.”

“Me gustan demasiadas cosas.”

“Elegí una carrera, pero no sé si realmente es para mí.”

“Tengo una profesión, pero siento que necesito algo diferente.”

“Sé que quiero cambiar, pero no sé hacia dónde.”

En todos esos casos, quizá el problema no sea la ausencia de posibilidades.

Quizá lo que falta sea un mapa para poder verlas.

Elegir también es aprender a liderarse

En INNER BLOOM entendemos la orientación vocacional como algo más amplio que seleccionar una carrera.

Es una oportunidad para detenerse, mirar hacia adentro y aprender  a conectar identidad, capacidades, intereses, motivaciones y posibilidades de futuro.

Porque tomar una decisión vocacional implica mucho más que responder:

“¿Qué quiero estudiar?”

Implica empezar a preguntarnos:

¿Quién soy hoy?
¿Qué quiero desarrollar?
¿Qué puedo aportar ?
¿En qué tipo de persona quiero convertirme?
¿Qué tipo de vida quiero construir y con qué siento que puedo disfrutar ? … 

Y quizás allí esté el verdadero sentido de una orientación vocacional: «no se trata de encontrar una respuesta que decida por nosotros, sino desarrollar las herramientas necesarias para aprender a elegir el camino que nos lleva hacia  el sentido. Hacia la realización personal en coherencia con las exigencias del mundo real». 

 

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